Bolsas y ojeras no son lo mismo: por qué distinguirlas cambia el tratamiento

  1. ¿Bolsas, ojeras oscuras o surco lagrimal? El Dr. Junco explica sus diferencias, sus causas y por qué cada caso necesita un tratamiento distinto.

Te miras al espejo y ves un rostro cansado.

Has dormido bien. Te encuentras bien. Pero tu mirada parece decir lo contrario.

Es habitual llamar “ojeras” a cualquier alteración que aparece debajo de los ojos. Sin embargo, las bolsas, las ojeras oscuras y el surco lagrimal hundido no son lo mismo. Pueden presentarse por separado o coincidir en una misma persona, pero su origen anatómico es diferente.

Y esta diferencia importa mucho.

Porque antes de hablar de cremas, ácido hialurónico, láser o cirugía, necesitamos saber qué está produciendo realmente ese aspecto cansado. Aplicar el mismo tratamiento a todas las miradas no solo puede resultar poco eficaz: en algunos casos puede acentuar el problema que queríamos corregir.

Como cirujano plástico, mi prioridad durante la valoración es identificar la causa. No tratar una etiqueta.

¿Qué son exactamente las bolsas bajo los ojos?

Las bolsas producen volumen o abultamiento debajo del párpado inferior.

Con el paso del tiempo, los tejidos que sostienen el párpado pueden debilitarse. La grasa que normalmente se encuentra alrededor del ojo se hace más visible y puede proyectarse hacia delante. A esto pueden sumarse la pérdida de elasticidad de la piel y la relajación de otras estructuras de soporte.

Sin embargo, no todas las bolsas son iguales.

En algunas personas predomina la grasa orbitaria. En otras existe retención de líquidos, inflamación o una combinación de varios factores. También encontramos los denominados festones o bolsas malares, situados algo más abajo, sobre el pómulo, y cuyo abordaje puede ser diferente.

Las bolsas pueden verse más marcadas:

  • Al despertar.
  • Después de consumir demasiada sal.
  • Durante episodios de alergia.
  • Tras dormir poco.
  • Por factores hereditarios.
  • Como consecuencia del envejecimiento de los tejidos.

Una pista sencilla es observar si el volumen varía a lo largo del día. Cuando cambia de forma notable, puede existir un componente de retención de líquidos o inflamación. Cuando el abultamiento es estable, es más probable que intervengan factores estructurales, aunque solamente una exploración permite determinarlo con precisión.

¿Qué entendemos por ojeras?

La ojera es una alteración del color, de la profundidad o de la transición entre el párpado inferior y la mejilla.

Es decir, una ojera no siempre es una mancha oscura. A veces lo que percibimos como oscuridad es en realidad una sombra provocada por un hundimiento.

Ojera pigmentada

Presenta una tonalidad marrón o grisácea producida por una mayor concentración de pigmento en la piel. Puede estar relacionada con la genética, el tipo de piel, la exposición solar o procesos inflamatorios.

Ojera vascular

Tiene un aspecto azulado, violáceo o rojizo. La piel del párpado inferior es especialmente fina y puede dejar entrever los vasos sanguíneos y los tejidos situados debajo.

Ojera hundida o surco lagrimal

En este caso existe una depresión que comienza cerca del ángulo interno del ojo y desciende hacia la mejilla. La luz genera una sombra sobre ese desnivel y hace que la zona parezca más oscura, aunque la piel no tenga necesariamente más pigmentación.

Ojera mixta

Es probablemente una de las situaciones más frecuentes. Puede combinar pigmentación, transparencia vascular, pérdida de volumen, bolsas y cierta flacidez cutánea.

Por eso dos personas que afirman tener “muchas ojeras” pueden necesitar abordajes completamente distintos.

La diferencia esencial: volumen, color o hundimiento

Una manera sencilla de entenderlo es la siguiente:

  • Bolsa: volumen o abultamiento relacionado con grasa prominente, laxitud o retención de líquidos.
  • Ojera pigmentada: color marrón o grisáceo producido por pigmentación de la piel.
  • Ojera vascular: tono azulado o violáceo relacionado con la transparencia de vasos y tejidos.
  • Surco lagrimal: hundimiento y sombra asociados a la anatomía, la pérdida de volumen o el descenso de los tejidos.
  • Festón malar: inflamación o pliegue sobre el pómulo relacionado con los tejidos y el drenaje de la región malar.

Estas alteraciones pueden coexistir. De hecho, una bolsa puede proyectar una sombra justo debajo y crear la impresión de que también existe una ojera muy marcada.

Aquí aparece una de las claves de la valoración: no basta con mirar la zona de frente. 

Debemos observarla con diferentes luces, desde varios ángulos y teniendo en cuenta el conjunto del párpado y la mejilla.

¿Por qué un mismo tratamiento no sirve para todo?

Porque cada opción actúa sobre una estructura diferente.

Una crema puede mejorar la hidratación y el aspecto superficial de la piel, pero no elimina una bolsa producida por grasa orbitaria.

Un tratamiento dirigido al pigmento puede aclarar determinadas ojeras, pero no corrige una sombra causada por un hundimiento.

Y aportar volumen con un relleno puede ser útil en algunos surcos lagrimales cuidadosamente seleccionados, pero no es la solución automática para cualquier ojera. Si ya existe una bolsa marcada, tendencia al edema o determinadas características anatómicas, añadir producto puede aumentar la sensación de pesadez o inflamación.

La pregunta correcta, por tanto, no es: “¿Cuál es el mejor tratamiento para las ojeras?”

La pregunta correcta es: “¿Qué estructuras están causando este aspecto en mi caso?”

¿Cómo se realiza una valoración adecuada?

En consulta analizamos mucho más que el color de la piel. Entre otros aspectos, valoramos:

  • La presencia y distribución de las bolsas grasas.
  • La profundidad del surco lagrimal.
  • La transición entre el párpado y el pómulo.
  • La calidad, elasticidad y cantidad de piel.
  • La existencia de pigmentación o transparencia vascular.
  • La tendencia a retener líquidos.
  • La posición y firmeza del párpado inferior.
  • La simetría entre ambos lados.
  • El volumen y el descenso de los tejidos de la mejilla.
  • Los antecedentes médicos, alérgicos y oftalmológicos.

También es importante saber cuándo apareció el problema, si cambia durante el día y si existen molestias como picor, irritación o lagrimeo.

Esta valoración es la que permite decidir si conviene tratar, qué puede mejorarse razonablemente y qué procedimiento ofrece una relación adecuada entre beneficio y riesgo.

¿Qué opciones pueden plantearse?

El tratamiento depende del diagnóstico y puede incluir desde cuidados cotidianos hasta procedimientos médicos o quirúrgicos.

Cuando predomina la retención de líquidos

Dormir suficientemente, moderar el consumo de sal, evitar el tabaco, elevar ligeramente la cabeza al descansar o controlar adecuadamente las alergias puede ayudar en ciertos casos.

Las compresas frías pueden reducir temporalmente la hinchazón, pero no eliminan las bolsas estructurales.

Cuando predomina la pigmentación

La fotoprotección diaria es fundamental. Dependiendo del tipo de pigmento y de la piel, pueden valorarse cosméticos específicos, tratamientos despigmentantes, peelings u otras técnicas médicas.

La selección debe ser especialmente cuidadosa en una zona tan fina y sensible.

Cuando existe un surco lagrimal hundido

En pacientes seleccionados puede considerarse un tratamiento médico para suavizar la transición entre el párpado y la mejilla. El ácido hialurónico no es adecuado para todos los casos y debe utilizarse con especial prudencia en esta región.

En determinadas anatomías también pueden valorarse otras alternativas, como el lipofilling facial o un abordaje quirúrgico.

Cuando predominan las bolsas estructurales

La blefaroplastia inferior puede estar indicada cuando existen bolsas grasas, exceso de piel o alteraciones estructurales que no pueden corregirse con un tratamiento superficial.

La intervención no consiste simplemente en “quitar grasa”. Según las características de cada paciente, puede ser preferible retirar una cantidad controlada, redistribuirla o combinar diferentes técnicas para conseguir una transición más armónica entre el párpado y la mejilla.

El objetivo debe ser mejorar la mirada respetando su identidad, evitando un aspecto hundido o artificial.

¿Dormir más elimina las ojeras y las bolsas?

No siempre.

Dormir poco puede aumentar la palidez, la congestión vascular y la retención de líquidos, haciendo que la zona se vea más oscura o inflamada. Recuperar un buen descanso puede mejorar estos componentes.

Pero el sueño no modifica una predisposición genética, una bolsa grasa estable, un surco profundo ni una pigmentación estructural.

Dormir bien ayuda. No sustituye al diagnóstico.

¿Cuándo conviene consultar a un médico?

La mayoría de las bolsas y ojeras representan una preocupación estética y no indican una enfermedad.

Sin embargo, es recomendable solicitar valoración médica si la inflamación aparece de forma repentina, afecta principalmente a un solo lado, resulta dolorosa o se acompaña de enrojecimiento intenso, erupción, irritación, dolor de cabeza o cambios en la visión.

En estas situaciones es necesario descartar alergias, infecciones, alteraciones tiroideas y otras causas médicas antes de plantear un tratamiento estético.

Una mirada cansada no tiene una única causa

Las bolsas ocupan espacio. Las ojeras pueden aportar color. El surco lagrimal crea profundidad y sombra. Y con frecuencia los tres elementos aparecen combinados.

Distinguirlos es el primer paso para evitar tratamientos innecesarios y obtener un resultado natural.

En mi consulta no parto de una técnica decidida de antemano. Primero estudio la anatomía, escucho qué preocupa a la persona y explico con claridad qué puede mejorar cada opción y cuáles son sus límites.

Porque personalizar no significa hacer más tratamientos.

A menudo significa saber cuál está indicado, cuál no lo está y cuándo es preferible no tratar.

Si sientes que tu mirada transmite un cansancio que no se corresponde con cómo te encuentras, una valoración médica individualizada puede ayudarte a comprender qué ocurre realmente y qué alternativas tienen sentido en tu caso.

Este artículo tiene una finalidad informativa y no sustituye una valoración médica presencial. 

La indicación de cualquier tratamiento debe establecerse después de estudiar individualmente la anatomía, los antecedentes y las necesidades de cada paciente.

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About the Author

Dr. Oscar Junco

Desde 2009 dirige su propio equipo “Dr. Junco, Cirugía Plástica y Estética” con sede en Hospital Cima de Barcelona, hasta mayo de 2024, y en Institut Mèdic Sarrià, desde junio de 2024; desarrollando toda su actividad quirúrgica en Hospital Cima de Barcelona, desde 2005.

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